Jovencita dividida porque tiene que pedirle dinero al heteropatriarcado para poder ir a la Marcha del 8M, aquí te contamos su triste historia

Ana Pao estuvo toda la semana emocionada porque esta sería la primera marcha del Día de la Mujer a la que asistiría para apoyar a sus «hermanas de lucha», un grupo de amigas que pretenden derrocar la hegemonía del heteropatriarcado en todos sus ámbitos, erradicar las conductas machistas y eliminar cualquier forma de discriminación o violencia contra las mujeres, y demás especímenes que se sumen a su lucha. Todo lo anterior, mientras pintan paredes y monumentos, y hacen desmadres en la vía pública, aprovechando que las autoridades ven con buenos ojos que se desquiten con algo, porque su lucha es «justa».

Lamentablemente, Ana Pao se acabó sus ahorros comprándose ropa y enceres de belleza, por lo que se quedó sin dinero para comprar el outfit perfecto, poder llegar al punto de reunión del colectivo y comprarse un Starbucks de camino, más lo que se le antojara de pasada; además, ninguna de sus «hermanas» pudo pasar por ella. Así que Ana Pao se tuvo que enfrentar a una disyuntiva en su ya de por sí acongojada vida.

Ana Pao deseaba acudir a la marcha sin tener que tomar el transporte público, porque qué asquito y qué riesgoso para una chavita bien como ella, no se le fuera a pegar alguna enfermedad. Pero eso implicaba pedirle dinero a su padre, o sea, más del que ya le da cada semana, lo que implicaba que el heteropatriarcado le subsidiara su lucha contra el ídem, cosa que, según aprendió de la maestra Karen, en su clase de Perspectiva de Género, se podría considerar una traición al movimiento feminista. Así que tenía de dos, acudir a la marcha como la jovencita pobre en la que no quiere convertirse o sucumbir a la ayuda de un ongre.

«Uno como joven sufre de mucha violencia económica, o sea, ¿sí me entiendes? Yo quiero salir a alzar la voz por las que dejaron sin voz, pero ¿cómo puedo hacerlo sin un peso para comprarme un Starbucks? No quiero verme como una india pobre, wey. ¿Qué van a decir mis amigas del colegio? O qué diría miss Karen, si llego a pedirle un centavo a mi dad. No mames, wey. ¿Tú no quieres apoyar a la causa?», nos compartió Ana Pao, sollozando y evidentemente muy afectada (obviamente, nuestro corresponsal no traía ni para su camión, pero le regaló un chicle para que se calmara).

A final de cuentas, Ana Pao sí pudo asistir a la marcha, aprovechando que su papá dejó la cartera a la vista y le dio un bajón de 3 mil pesos, por lo que se ofreciera. Esta vez, una jovencita derrotó al heteropatriarcado, hasta que el papá se dé cuenta y le cancele su mesada. Así que ya lo saben, amigas, si no se quieren ver en la misma situación que Ana Pao, consíganse un trabajo y échenle ganas para no tener que depender del producto del trabajo de un ongre.

Acerca de Fede

Fede

Escritura creativa, lingüista y estudioso de escrituras experimentales.