En un mundo donde la eterna juventud es solo un mito y las arrugas son inevitables, sobre todo las del ano, ¿quién no desearía quedarse atrapado en el único tiempo en el que quizás fuimos felices? Pero, ¡oh, tristeza! Tus mejores años han pasado y ya no eres ese niño inocente al que se madreaban en la escuela y que empezaba a conocer el mundo y explorar su cuerpo, sobre todo cuando te sacabas los mocos, o te los sacaban. De hecho, así te sientas muy chavo por dentro, es probable que estés más cerca de tu primer cheque de jubilación que de tus días de recreo en el patio de la escuela, si la maestra Griselda no te dejaba castigado en el salón viéndola comerse su huevo cocido con verduras, porque «la dieta».
Pero no te preocupes, sabemos que el tránsito de la edad de la inocencia a la adultez no es fácil, y podrías estar en la disyuntiva de seguir creyéndote el niño payaso y castroso que fuiste siempre. Por eso, el equipo de puericultores y expertos en Chabelo de EAD se dieron a la tarea de revelar los 5 signos inequívocos de que has dejado atrás la dulce inocencia de tu niñez y te has adentrado en el agridulce mundo de los adultos.
- Tu sueldo contra tus deudas. Atrás quedaron esos tiempos en los que podías ser feliz con muy poco e incluso con nada. Ahora tienes que andar tras la chuleta para hacer los pagos de la casa, de la esposa, de los hijos y, por supuesto, de las novias. Te das cuenta de que apenas te ajusta y de que ya no estás para hacerte pendejo como el mocoso que fuiste. A chingarle, cabrón, que ya te salieron pelos.
- Pastillas en lugar de juguetes. En lugar de una colección de figuras de acción o muñecas, depende tus gustos, tu mesita de noche parece el mostrador de una farmacia, sin contar los ungüentos y demás productos para que no te duelan la espalda y las rodillas. La aventura de cada día es descubrir qué nueva parte del cuerpo te duele, te pica o te tiembla.
- Se acabó el desmadre. Tus alocados viernes por la noche, en los que otrora te ponías loco con un chocomilk, ya pasaron a ser una cena ligera de pan con leche y los primeros quince minutos de una película o serie. De las noches de pasión ni hablamos, ya que las siete puñetas que aguantabas hasta quedar seco como virote salado, cambiaron por una meada a medianoche, sea en la taza o de camino al trono.
- El estrés. La época en la que te preocupabas por si habías hecho tus tareas a tiempo, lo que nunca pasaba y realmente nunca te preocupó, ha sido reemplazada por la angustia de estar atrapado en un embotellamiento interminable, por la presión por no entregar los Excel nunca y la ansiedad por explicarle a tu munier por qué te encontró confeti en los calzones miados, si solo ibas a una junta de trabajo cortita.
- Te dicen «don» y «señor». Los morros no mienten, así que, cuando los chavos y los niños, se refieren a ti como «señor» es la mejor señal de que ya no te puedes creer escuincle. Ya tienes tres pelos de bigote y más en el culo, ya salió ese remolino que pronto se convertirá en pelona y te tienes que levantar en plena madrugada a echar la miada mañanera.
Así que ahí lo tienes, tus años mozos han pasado y debes aceptarlo. Si te identificas con alguno de estos signos, es hora de aceptar la triste realidad: ya no eres el niño que creías ser, pero aún puedes echarle muchos de tus niños a la morrita que te gusta.






