En un reciente estudio que ha dejado a padres, alumnos y hasta a los propios profesores boquiabiertos, se ha descubierto que el 99% de los docentes en realidad odia impartir clases, al punto de que algunos preferirían saltar de un avión sin paracaídas. Los docentes que participaron en dicho estudio revelaron que nunca quisieron dedicarse a la docencia, pero no tuvieron de otra, pues la otra opción habría sido ser repartidor de comida o seguir viviendo con sus padres. La mayoría manifestó que ahora están seguros de que eligieron mal su profesión.
La investigación, realizada en un esfuerzo por comprender por qué los maestros continúan en la profesión, reveló que, efectivamente, la mayoría de ellos solo siguen enseñando porque no les quedaba de otra. Entre los comentarios de los encuestados, destacan joyas como «preferiría pedir limosna en un crucero y ser humillado diariamente» o «daría cualquier cosa por pasar mis días paseando por la ciudad mientras llevo comida de un lado a otro».
«No es que odie a los niños, pero pasar ocho o más horas al día intentando enseñarles algo que, claramente, no les importa y nunca va a aprender es como gritarle a un sordo o subnormal», declaró la profesora Gertrudis Canuta, mientras encendía su octavo cigarro en lo que nos concedió 10 minutos de su tiempo para la entrevista afuera del plantel donde labora.
Los expertos se están rascando la cabeza, literal y figuradamente, preguntándose cómo es posible que una profesión esencial en la sociedad pueda generar tal desprecio, pero es que de seguro no le han impartido clases a esta clase de energúmenos. Mientras tanto, en vísperas del Día del Maestro, muchos profesores ahora se replantean si ese camino que eligieron alguna vez vale la pena y si aún les da el tiempo para cambiar su rumbo y empezar a aprenderse las calles de su ciudad y a andar en moto.