Desde que Pixar inventó el Día de Muertos con su película Coco, miles de personas han dejado a un lado el espíritu del Halloween, que abarca desde disfrazarte y comer dulces hasta sacrificar gallinas negras para obtener riquezas, para mejor celebrar esta tradición relativamente nueva, pero no por eso con menos significado, en la que pueden honrar a sus difuntos en familia.
El altar de muertos, el cual recientemente, por cuestiones de censura, pasó a llamarse “altar de los desvividos”, suele ser el protagonista de este día especial. Cuenta la leyenda que el 2 de noviembre todos aquellos que se echaron la pestañita eterna, viajan del más allá hacia el “más acá” para visitar a sus seres queridos y, sobre todo, para degustar todo aquello que disfrutaban cuando estaban en vida.
Es por eso que los altares suelen estar acompañados de ofrendas, como los platillos o bocadillos favoritos del homenajeado, o incluso botellas de licor, cajas de cigarros, pistolas, pacas de billetes, y demás elementos que caracterizaban a ese pariente que nadie sabe por qué murió tan joven.
Todo se ve muy bonito y es una bella forma de rendirles tributo a quienes ya no están. El problema surge cuando te das cuenta de que el pan de muerto desvivido, haciéndole honor a su nombre, ya está todo tieso, ese plato de chicharrón norteño ya se está mosqueando, o cuando te invade la melancolía y esa botella del brandy que le gustaba a tu abuelita te empieza a hacer ojitos.
Una parte de ti sabe que los espíritus no van a consumir esas ofrendas como tal, sino que simplemente absorben parte de su energía, como dementores. Quizás podrías “pellizcarle” a todo lo que está en el altar, pero otra parte de ti no sabe como van a reaccionar los difuntos al ver que ya nomás les dejaste porciones como de convivio de primaria.
El equipo de muertólogos de EAD, quienes ya han cruzado ilegalmente al Mictlán con fines investigativos, trae con ustedes una importante recomendación que deben leer antes de cometer una tontería.
Está de más decir que uno puede hacer lo que quiera con las ofrendas después del dos de noviembre, pero hacerlo antes es algo que definitivamente debes evitar. No porque tu abuelita te vaya a jalar las patas para llevarte al más allá, ni porque algún otro familiar te vaya a dar algún escarmiento, a fin de cuentas son tus seres queridos y no están interesados en hacerte daño. La razón por la que tienes de abstenerte de cometer este acto de mal gusto es más simple: ahorrarte la vergüenza de que te tengan que poner un altar por muerto de hambre.