«Pinches animales conservadores y neoliberales»: Tren Maya declara guerra contra jaguares y venados, los clasifica como «fauna nociva»

El Tren Maya, megaproyecto emblemático de la Cuarta Transformación, o sea, uno de los caprichitos malhechos del Licenciado, parece haberse encontrado con un enemigo inesperado en su camino: los jaguares, venados y tapires. Estos habitantes ancestrales de la península de Yucatán han sido declarados oficialmente como «fauna nociva» por representar una amenaza directa a la seguridad y eficiencia del tren. En respuesta, el gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum contrató a una empresa para implementar un peculiar “control de daños” que incluye desde ahuyentarlos con cohetes hasta sacrificarlos bajo estrictas normas de dignidad, porque tampoco son unos bestias.

En un documento que ya levanta cejas (y furia) entre ambientalistas y amantes de la fauna, se detalla que especies protegidas y en peligro de extinción, como el jaguar, han sido catalogadas como un riesgo operativo para el tren. Parece que, para el Tren Maya, la verdadera amenaza para el «bienestar» no son los retrasos en la obra, los sobrecostos, la destrucción de la selva ni las críticas internacionales, sino la fauna neoliberal que afecta el proyecto.

El contrato firmado con la empresa Susoma Soluciones Ambientales —por más de 9 millones de pesos— incluye una lista de soluciones creativas que van desde ahuyentar a los animales con pirotecnia (porque nada dice «cuidamos la selva» como tronidos de cohetes) hasta reubicarlos o, en el peor de los casos, sacrificarlos «sin dolor ni sufrimiento». Que al cabo ya son muchos.

Las autoridades aseguran que todos los métodos de control están diseñados para garantizar el bienestar de los animales. ¿Qué incluye este bienestar? Redes, trampas y dardos tranquilizantes, además de la posibilidad de sacrificarlos si todo lo anterior falla. Claro, siempre bajo la NOM-033, que establece estándares para que, al menos, mueran con menos estrés que los usuarios del tren en un día de retrasos o cancelación de viajes.

«Queremos que los jaguares y tapires sientan que se les respeta, porque luego la hacen de pedo los ambientalistas. Después de todo, no hay nada más progresista que explotar su hábitat con dignidad y respeto, la verdad», explicó un vocero del Tren Maya, mientras se comía unos taquitos de carne de tapir.

Obviamente, algunos latosos activistas han calificado estas medidas como un intento desesperado de justificar una mala planeación. «Primero destruyen el hábitat y luego se quejan de que los animales estén ahí. Es como tirar una fiesta y enojarte porque los vecinos escucharon la música», señaló un activista local mientras era escoltado por integrantes de la Guardia Nacional, luego de unos tehuacanzos.

Así que, si te toca el infortunio de pasearte en el Tren Maya y escuchas cohetes en la selva, es muy probable que algún ejemplar de jaguar, venado o tapir no tarde mucho en terminar de materia prima en algún puesto de tacos o lonchería. Es más, capaz y hasta en el regreso te lo cenarás como parte de algún platillo autóctono.

Acerca de Fede

Fede

Profesor en Escritura Creativa. Lingüista y estudioso de escrituras expandidas y poéticas experimentales.