Sabemos que el amor a veces nos agarra desprevenidos, como ese nefasto correo de «favor de atender con urgencia» en pleno viernes a las 6:59. Sobre todo cuando al principio todo es risa y emoción, pero luego te das cuenta de que tu nuevo romance es más peligroso que salir a caminar por Tlalnepantla a cualquier hora.
Así que si últimamente la compañera que grita en las juntas, que ya corrió a tres becarios y que amenaza con renunciar cada dos semanas te está tirando el calzón, mejor detente. Nuestro equipo de científicos del amor y expertos en detectar la toxicidad en el amor, tan solo con oler tangas, se dieron a la tarea de evaluar cómo les fue con sus ex para traernos las 5 red flags que debes detectar a tiempo antes de terminar atrapado en un romance digno de un episodio de Caso Cerrado.
- Su currículum emocional es peor que el de Recursos Humanos. Si cada vez que habla de sus ex usa frases como: «Todos son iguales», «Me engañaron porque les daba miedo lo intensa que soy» o «Siempre soy la villana de la historia», huye antes de que seas el próximo antagonista de su tragedia. Si insiste demasiado en que no es tóxica, solo apasionada, aguas… eso es como cuando un vendedor dice «nuestro servicio casi nunca falla».
Si de plano piensas que no hay nada de malo en eso, seguro que un día saldrás tarde del trabajo, luego de que tu celular se quedó sin batería y, para cuando lo enciendas, ya tendrás 87 llamadas perdidas, 24 mensajes de voz y una denuncia por desaparición en el grupo de la oficina.
- El GPS de su toxicidad está siempre activado. Si desde el primer café ya te pregunta por qué sigues a tantas morras en Instagram, si en la segunda salida ya revisó si sigues en línea en WhatsApp, y en la tercera ya le pidió informes al de sistemas para clonar tu correo, mejor finge una oferta de trabajo en otro país y bloquea todo rastro digital de tu existencia.
Ojo, que las de este tipo empiezan con un «solo es que me gusta saber en dónde estás», pero ya tiene más información tuya que el SAT. Eso sí, si sigues de aferrado, un día despertarás y encontrarás un GPS pegado en la cajuela de tu coche y una carta escrita con su propia sangre.
- Su hobby favorito es hacer drama nivel telenovela de TV Azteca. No es que no se pueda enojar, pero si llora en la oficina porque el del Oxxo no le dio las servilletas que pidió, imagina el escándalo que te armará si no le contestas en 30 segundos. Y si en la primera discusión ya está publicando indirectas en sus redes como «Qué triste darlo todo por alguien y no recibir nada», ya mejor ponte a hacer home office.
Si sigues ahí, lo triste es que terminarás en una relación en la que cada desacuerdo se resuelve con amenazas de bloquearte de su vida, pero nunca lo hace porque necesita a alguien a quien torturar.
- No te deja solo ni para ir al baño. Si en menos de dos semanas ya usa la frase «Siento que eres el amor de mi vida», pero tú solo le prestaste tu engrapadora una vez, algo anda mal. Y si te empieza a decir «No sé qué haría sin ti» cuando ni siquiera te ha visto sin uniforme de trabajo, ¡cuidado!
Ah, pero si tienes espíritu de masoquista, ten por seguro que un día te dirá «¿Sabes qué? Me da miedo perderte», y al siguiente te tendrá amarrado en su sótano con cadenas bañadas en agua de calzón.
- Es la jefa no oficial del chismecito y tu vida es su nuevo tema favorito. Si en menos de tres días ya todo el departamento sabe de su «flechazo» contigo, pero tú ni siquiera habías dado el sí, sal de ahí antes de que te conviertas en la novela de la empresa. Peor tantito si ni siquiera han salido a comer juntos, pero ya hay rumores de que andan a escondidas y media oficina te mira con lástima.
Si piensas que eso no es tan malo como suena, espera a que te ganes fama de patán sin haber hecho nada y que, cuando intentes aclararlo, resulte que «según ella» ya hasta le estabas pidiendo matrimonio.
Sabemos que la soltería pesa y que a veces el café de la oficina no es lo único que te calienta, pero antes de meterte en la boca del lobo, recuerda que más vale aplicar el amor propio (o sea, la chaqueta previsora) que con una tóxica que te rastrea hasta la hora de ir al baño. Así que, si ves que la cosa pinta para volverse un thriller de terror, activa el plan de emergencia: cambia de escritorio, hazte el desentendido y, si todo falla, convéncete de que es mejor que digan aquí corrió que ahí quedó.