Sabemos que vivir con melanina extra es como jugar en modo difícil, sobre todo en tiendas con mucha luz, muchas cámaras y poco sentido ‘buenaondita’. ¿Te ha pasado que apenas entras al Miniso por un llaverito de ranita kawaii y ya sientes los ojos del guardia clavados como si te hubieras metido un frasco de mentol chino en la retina?
Y claro, no importa si andas bien bañado, perfumado y con ropa de Zara, H&M o C&A, porque al final el encargado de seguridad decide que hoy eres el que tiene cara de estar fichado. Por eso, en un acto de solidaridad con todos los prietos que han sido seguidos, observados y hasta olfateados en el pasillo de perfumería, nuestro equipo de científicos del Pantone exagerado (3 de cada 3 igual de prietos que tú, seguramente) nos traen los 5 trucos infalibles para que tu melanina no te meta en aprietos.
Vístete como ‘prieto premium’. Sabemos que aunque la mona se vista de seda, mona se queda y que ninguna prenda hace milagros, pero a veces traer un suéter de cuello de tortuga y unos lentes mamadores te puede salvar de ser tratado como sospechoso habitual. Usa prendas que griten: «Trabajo en un coworking de la Condesa» o «soy vegano y tengo una bici plegable». Los chalecos sin mangas, las bufandas en verano o los lentes sin aumento son clave para que la gente piense: «Uy, este prieto seguro tiene tarjeta platino». Nada más evita verte tan ‘hipster intelectual’ porque no te van a creer.
- Camina con la confianza de un millonario (aunque no traigas ni para el Uber). No hay nada que infunda más respeto que actuar como si fueras dueño del lugar. Aunque traigas la cartera más vacía que la moral de un político en campaña, camina con la seguridad de alguien que se la vive en Starbucks pidiendo un macchiato con leche de almendra. Agarra un artículo (el que sea), míralo con desdén, como si en casa tuvieras 200 iguales, y luego suelta frases como: «Ah, ¿esto? Lo compré más barato en Tokio el mes pasado, pero igual lo voy a llevar». Así, el guardia, confundido, pensará que eres un influencer excéntrico y mejor te dejará en paz. Solo no caigas en la tentación de fingir tanto que te creas tu propia mentira, puedes terminar queriendo pagar con la tarjeta del Metrobús.
- Habla con palabras que el guardia no entienda. No hay nada más efectivo para espantar a un vigilante desconfiado que soltar términos rebuscados, aunque tú mismo no sepas qué significan. Si te pregunta: «¿Le puedo ayudar en algo?», responde: «No, joven, solo estoy validando la taxonomía del merchandising antes de proceder a la transacción». Mientras él intenta descifrar si eso es una amenaza o una enfermedad de la piel, tú te deslizas hacia la caja como ninja prieto premium. Nada más no abuses, no vaya a ser que el guardia haya estudiado derecho o filosofía y te termine corrigiendo la conjugación de tus barbarismos.
- Usa la clásica técnica del «yo conozco al dueño». Si todo lo demás falla, saca el último truco del sombrero de prieto: el poder imaginario de las conexiones. Cuando sientas que la cajera ya llamó al guardia, haz cara de indignado y di con toda la autoridad moral: «¿Ah, sí? ¿Me estás vigilando? ¿Sabías que soy amigo personal del sobrino del que le renta el local al dueño?». Seguro que el guardia se va a poner a pensar si es verdad o si solo te lo estás choreando, pero la duda te dará tiempo suficiente para pagar tu llaverito sin que llamen a la patrulla. Solo ten cuidado porque podría ser que la cajera realmente conozca al dueño y te cache en la mentira, con todo y tu billete falso de 500.
- Si todo falla, amenaza con tu carnet de miembro del INPP (Instituto Nacional de Protección a los Prietos, porque, como sabes, Poder Prieto se metió en aprietos). El último recurso para zafarte de una situación incómoda es sacar la carta de la burocracia imaginaria. Si te acusan de «verte sospechoso» o de «estar demasiado cerca de los lápices con forma de sushi», saca tu celular, ponlo a grabar y di con voz firme: «Esto es un abuso de autoridad, voy a denunciar ante el Instituto Nacional de Protección a los Prietos». Nadie sabrá qué diablos es el INPP, pero la mención de un instituto con siglas intimidará hasta al guardia más terco. Solo cuida que el guardia no sea experto en acrónimos gubernamentales y te diga: «El INPP ni existe, joven. Mejor acompáñeme a la salida».
Sabemos que ser moreno conlleva desafíos logísticos, pero con estos trucos infalibles podrás entrar a Miniso, Zara o hasta a una joyería de lujo sin temer que te están rastreando como al coyote en la frontera. Así que la próxima vez que un guardia te persiga entre las tazas con caritas de gato, recuerda: camina erguido, suelta palabras rimbombantes y, si todo falla, hazle creer que eres influencer de TikTok. Total, con un par de filtros, nadie notará la melanina.