Nicolás Maduro inventó su propio premio de la paz con juegos de azar y mujerzuelas, demostrando que no necesita a esa organización fifí llamada Comité Noruego del Nobel, que solo le otorga el Premio Nobel de la Paz a figuras de la ultraderecha que tienen prácticas muy antidemocráticas, como querer gobernar un país en el que ganó las elecciones.
Con la instauración del premio «Arquitecto de la Paz», el licenciado Nicolás Maduro garantiza que durante los próximos treinta o cuarenta años de su gobierno, exista una alternativa al Nobel, con lo cual se espera que vayan ganando otros grandes estadistas de su talla, como Andrés Manuel López Obrador, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega. Esas sí son democracias.






