Dado que al Jaguar Zayu apenas lo topa el güey dentro de la botarga, Gianni Infantino decidió que la mascota mundialista mexicana ahora será el Pato Merlín, quien se ganó el cariño de los mexicanos por su carisma, naturalidad, alegría y, sobre todo, por no ser un ajolote siniestro como el de Clara Brugada.
Los dueños de Merlín acordaron reunirse con la FIFA luego de recibir gestos intimidatorios, como llamadas de abogados a medianoche o platos de pato a la orange afuera de su casa. Tras una agresiva negociación, se anunció que la máxima entidad del futbol ahora cuenta con los derechos comerciales del ave, por lo que, por contrato, no solo tendrá que participar en eventos oficiales y renunciar a su vida privada, también podrán explotar su imagen, su nombre y todo lo relacionado a su marca personal.
La ‘Marca Patito’ nunca había valido tanto.







