Con ayuda de cirugía reconstructiva, cada vez más hombres circuncidados se someten a una “restauración prepucial”, la cual, básicamente, consiste en cubrir la superficie “descapotada” con un prepucio nuevo, también llamado “postpucio”.
El procedimiento es todo un desafío. Como la mayoría de los prepucios circuncidados son utilizados como ligas para billetes en hospitales judíos, es prácticamente imposible conseguir un donante. Es por eso que el recubrimiento se logra estirando piel residual hasta lograr que el vulgarmente llamado “champiñón” se convierta en Cheeto.
Salvo un paciente que reportó molestias porque “no estaba acostumbrado a usar bragueta con capucha”, la mayoría dice sentir mejor autoestima y lo ven como un gran avance en cuanto a autonomía corporal.
Su mensaje es claro: “mi cuero, mi decisión”.







