Ciclista denuncia discriminación de otros ciclistas por usar bici con canastita

Como todas las tribus que andan en manada, los antropólogos se han percatado de que los ciclistas también se manejan por jerarquías. El alfa de la “jauría” normalmente va al frente con una bicicleta de montaña y suele ser de esos güeyes que se levanta del asiento para ver mejor el horizonte, también están las hembras alfa, que suelen ser mujeres aguerridas dispuestas a pelearse cada que un taxista o microbusero avienta en el Periférico a alguno de los suyos, y, detrás de ellos, existe una gran diversidad de ciclistas que conforman todo un submundo del cual solo conocemos la punta del iceberg.

Lamentablemente aquellos que se encuentran en la parte más baja de la muy bien lubricada cadena alimenticia de los ciclistas, son fuertemente discriminados por los “bikers” más puristas, esos de abolengo que se encargan de desacreditarlos por la bicicleta que manejan y su técnica al hacerlo, una cultura lamentable que seguramente sus padres les inculcaron desde que traían llantitas traseras.

Dejando a un lado a los ciclistas con bicicletas usadas, también llamados “reciclistas”, que suelen ser motivo de burla por traer la cadena toda oxidada y el asiento mordisqueado, o los que usan ecobici, a los que muchos ni les dirigen la palabra, se ha viralizado el caso de un joven de la Ciudad de México que dice haber sufrido ataques discriminatorios por parte de otros ciclistas solo por usar una bici con canastita.

Se trata de Rolando Rodarte, quien decidió desafiar el estereotipo de que las bicis con un cesto en el manubrio son solo para chicas lindas que van a hacer las compras con “Girls Just Want To Have Fun” de Cyndi Lauper de fondo. El joven Rodarte salió a rodar por las calles de la alcaldía Cuauhtémoc, el color azul menta de su bicicleta brillaba más de lo normal y parecía ser un gran día, hasta que un grupo de ciclistas se le acercó para intentar intimidarlo repitiendo insultos totalmente fuera de lugar:

«Yo quería que abrieran el paso (sus agresores), así que soné la campanita de mi bici… Fue ahí cuando enfurecieron y empezaron a agredirme», compartió para los micrófonos de EAD.

Aunque asegura todavía estar en shock, la víctima de este terrible abuso dice recordar claramente cómo lo ofendían diciéndole cosas como «pinche raro», «viejo cerdo», o «das asco», algo que parece increíble en pleno siglo veintiuno, cuando uno pensaría que los prejuicios y el odio injustificado hacia personas solo por sus gustos personales son algo que había quedado en el pasado.

Después de invitar a toda la audiencia a no discriminar a aquellos que gozan de la practicidad y bondades que ofrece tener una bici con canastita, Mauricio se subió a la suya y nos percatamos de algo bastante peculiar: no tenía asiento.

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