Existe un mundo paralelo donde el economista Pedro Sola es secretario de Economía, está negociando el Tratado de Libre Comercio, y es Marcelo Ebrard quien se sienta a lado de Paty Chapoy bebiendo café con moscas panteoneras.
Desafortunadamente vivimos en esta línea temporal, donde el llamado “tío Pedrito” está pagando el precio de decir que no le gusta comer en un restaurante mientras un perro se hace un autolavado de cazuela y el congreso de la CDMX ahora impulsa la “Ley Anti Pedro Sola”: una iniciativa que busca endurecer las sanciones para quien incite o haga apología al maltrato animal.
El problema es la homofobia que se esconde detrás de esta ley. Aunque se presenta como una medida animalista, decir que algo es “anti Pedro Sola” también es decir que es anti diversidad, anti derechos LGBT y anti a-dick-tos, o séase, adictos a la dick.
Todo sea para proteger a quienes están hasta abajo en la escala de vulnerabilidad: los perritos. Como si nunca nadie hubiera dejado a su gay amarrado en una azotea.







