La Selección Mexicana, conocida cariñosamente como «La Decepción», volvió a hacer de las suyas en un amistoso contra el Valencia, y esta vez el escenario fue, lamentablemente, el Estadio Cuauhtémoc de Puebla. El marcador final de 2-2 dejó a todos con la misma sensación de cuando pides tacos al pastor y te llegan de suadero: decepción total. Y si los seleccionados y el cuerpo técnico pensó que la afición se iba a quedar calladita ante un resultado así, pues no, el estadio tronó con un estruendoso «¡Fuera Aguirre!», que únicamente confirmó que ya ni son capaces de engañar a los poblanos.
La magia del partido—si es que podemos llamarlo así—la puso Dani Gómez, quien se echó un doblete que dejó a los defensas mexicanos más perdidos que Aguirre buscando una estrategia ganadora o viendo la manera de convocar nuevamente al «Conejo» Pérez, Ochoa y Guardado. Y claro, la afición, que se armó de paciencia para llenar las gradas, no se lo tomó nada bien. Al final, el resultado fue como un vaso de agua tibia: nadie lo pidió y a nadie le gustó.
El comentarista Andrés Vaca, con su mejor tono de sarcasmo, lo resumió de maravilla: «Se firma entonces un empate vergonzoso contra un equipo igual de molero y con una Selección Mexicana peor de molera». Y es que, si algo dejó claro el partido, es que hasta los amistosos nos salen caros. ¿Quién dijo que los ridículos internacionales solo eran cosa de mundiales? Aquí los traemos a domicilio y con un equipo lleno de reservas.
Y como si el empate no fuera suficiente, la afición mexicana decidió que ya era hora de armar un «coro nacional» para pedir la cabeza de «El Vasco» Aguirre, quien está al mando de la selección desde hace solo tres partidos, pero parece que ya ha logrado más rechiflas que victorias. Porque, claro, en México los entrenadores tienen que ser como los tamales: si no están listos al momento, la gente empieza a pedir cambios.
Este amistoso marca el tercer partido de Aguirre al frente del equipo, después de ganarle a Nueva Zelanda y empatar contra Canadá. Y, claro, no faltó quien se preguntara si estos son los equipos con los que deberíamos practicar antes del Mundial 2026, porque parece que la meta es acostumbrarnos a los empates antes de enfrentarnos a los grandes.
Mientras tanto, como siempre en la pendeja, la Federación Mexicana de Futbol se esfuerza en recordar que la palabra «decepción» no es un sinónimo oficial de la Selección. Pero ya es tarde, porque la afición la ha hecho parte de su vocabulario, y cada vez que la escuchan, alguien en la Federación llora, al igual que nosotros al ver otro empate.
La moraleja de la historia es clara: el fútbol mexicano sigue siendo un melodrama digno de novela, con Aguirre como protagonista y la afición como un público implacable que no se cansará de gritar «¡Fuera, fuera!», hasta no ver buenos resultados. Al final, lo único que nos queda es esperar que el próximo partido no sea otro capítulo de esta tragicomedia en la que, de tanto empate, ya ni sabemos quién gana… pero sí quiénes pierden: las señoras en casita.