En un nuevo episodio del melodrama político del mejor país del mundo, el presidente Joe Biden ha decidido despedirse de la Casa Blanca dejando las cosas de familia en los mejores términos. En una de sus últimas jugadas presidenciales, el mandatario indultó a su hijo, Hunter Biden, quien enfrentaba dos casos penales por evasión fiscal y posesión ilegal de armas. Porque, claro, ni modo de dejar al nene cincuentón fuera de la cena navideña, si tan solo es un pobre muchacho descarriado.
El presidente, quien durante su mandato juró no intervenir en los problemas legales de su hijo, explicó que esta decisión no fue un acto de favoritismo, sino un valiente gesto contra lo que calificó como un «error judicial». En un comunicado oficial, Biden aseguró: «Nadie con dos dedos de frente puede analizar los casos contra Hunter y no darse cuenta de que esto fue un ataque político. Solo lo señalaron porque es mi hijo. ¿Y qué padre no va a usar el poder ejecutivo para salvar a su retoño? Luego, con lo que me tardé en agarrar la pluma para firmar el indulto en lugar de mi pito».
Hunter, quien tiene un historial conocido de lucha contra la adicción, había sido hallado culpable de mentir sobre su consumo de drogas al comprar un arma, y de fraude fiscal, acumulando penas que podrían haber sumado hasta 42 años de prisión. Sin embargo, el patriarca de los Biden parece haber decidido que esos 42 años le sientan mejor en la lista de reproducción de Bruce Springsteen que en los antecedentes penales de su hijo.
Los presidentes estadounidenses han convertido en tradición indultar a familiares y aliados en sus últimos días de poder, y Biden no quiso quedarse fuera de la fiesta. En el pasado, Bill Clinton indultó a su medio hermano por cargos de posesión de cocaína, y Donald Trump perdonó al padre de su yerno por evasión fiscal. Ahora, Biden se une a este hall of fame de indulgencia familiar, probando que, cuando se trata de escándalos presidenciales, siempre hay espacio para no perder la tradición.
Por su parte, Hunter Biden se mostró emocionado y reflexivo tras el indulto. En una declaración pública, prometió dedicar su vida a ayudar a quienes aún luchan con la adicción y aseguró que nunca dará por sentado la clemencia de su padre. Fuentes cercanas aseguran que planea abrir una fundación para apoyar a los «hijos incomprendidos de políticos con mala prensa» o alguna pendejada por el estilo, porque, como él mismo diría, «todos merecen una segunda (o tercera, o cuarta) oportunidad, solo que no tienen un papá de presidente», lo que pudo o no haber dicho.
Mientras tanto, analistas políticos aseguran que este movimiento no solo es polémico, sino también un recordatorio de que, en la política estadounidense, las reglas están hechas para romperse… siempre y cuando tengas el apellido y el puesto correcto. Con el indulto a Hunter, Joe Biden se despide de la presidencia reafirmando que, en la Casa Blanca, el nepotismo no es un error; es una tradición. Mientras tanto, Hunter, libre de cargos y lleno de gratitud, ya podría estar planeando su próximo libro: «De culpable a indultado: cómo ser un hijo presidencial y sobrevivir» o algo parecido.