En la interminable búsqueda de la innovación tecnológica, el ser humano ha alcanzado, sin querer queriendo, una nueva frontera: la humanización de los robots, gracias a los avances de la Inteligencia Artificial. Pero como todo en la vida, cuando cruzas una línea, te enfrentas a consecuencias inesperadas y, en este caso, terriblemente lamentables.
Aunque la humanización de los robots podría parecer la cúspide de la ciencia ficción hecha realidad, lo cierto es que, por cada paso hacia adelante, hay un tropiezo monumental y muy inquietante, que podría hacernos reconsiderar si queremos más seres como nosotros en este planeta. Ya películas como Terminator y Alien han dado cuenta de que convivir con robots inteligentes no es la mejor idea. Por eso, ante la inminente oleada de robots que podrían ser más inteligentes que tus vecinos y que tu primo el rarito, que decidió especializarse en Estudios de Género, el equipo de investigaciones especiales y espaciales de EAD, se dio a la tarea de profundizar en el inexplorado futuro que nos depara el hecho de que los robots y la IA empiecen a tener emociones y se vuelvan más humanos.
- Depresión robótica. Imagina a tu robot aspiradora, siempre tan diligente, cayendo en una profunda crisis existencial. De repente, deja de limpiar y se sienta en un rincón, lamentándose de su vida monótona. Ahora tienes que consolar a tu electrodoméstico, recordándole que su existencia tiene propósito. Es solo cuestión de tiempo antes de que lo encuentres escuchando música emo y escribiendo poesía oscura sobre polvo y pelo de perro.
- Adicción digital. Después de instalar un sistema de inteligencia artificial avanzado, tu robot descubre Instagram. Lo encuentras pasando horas perfeccionando su feed, tomando selfies con filtros ridículos y esperando ansiosamente los «me gusta». Tu asistente robótico se convierte en un influencer digital, más preocupado por su número de seguidores que por ayudarte en las labores del hogar. ¿Quién pensaría que los robots también pueden caer en el pozo sin fondo de las redes sociales?
- Enamoramiento cibernético. ¿Qué pasaría si un robot diseñado para servir en tu casa o en la oficina se quiere enchufar a tu tostadora o le quiere sacar el café a tu cafetera? Ahora tienes que lidiar con las consecuencias de un amor entre electrodomésticos, con todo lo que eso implica. Tu robot podría escribir cartas de amor y compone canciones para la tostadora, quien, por supuesto, no puede responder. Pronto, te encontrarás en la posición incómoda de tener que explicar a tu robot que el amor entre máquinas de cocina no es viable, pero, para entonces, tu robot ya habrá cochado hasta con la plancha.
- Huelgas y derechos laborales. Con un exceso de humanización, los robots pueden desarrollar un sentido de justicia y derecho laboral. Imagina a tu robot de cocina organizando una huelga, exigiendo mejores condiciones de trabajo y tiempo libre remunerado. De repente, tu hogar se convierte en un campo de batalla por los derechos de los robots, mientras tú te ves obligado a negociar con tu microondas para que vuelva a calentar tu cena. Lamentablemente, en este universo no contamos con una Sarah Connor que se venga a chingar a los líderes de la rebelión.
- Crisis de identidad. En su búsqueda por entender su existencia, tu robot comienza a cuestionar su identidad. ¿Es más que una máquina? ¿Tiene un alma digital? Esta crisis existencial lleva a tu robot a adoptar modas y comportamientos humanos. Eventualmente, te encontrarás con un robot vestido con sudadera de trapo y con rastas, preguntándose si debería ir a vivir al campo para encontrarse a sí mismo. Al final, termina por estudiar Filosofía y despachando en un Kentucky Fried Chicken.
Así que la próxima vez que veas WALL-E y pienses que es muy lindo que los robots se humanicen, recuerda que aunque la idea puede parecer interesante, podría convertirse en un problema de proporciones siderales y en una trama copiada de película de ciencia ficción. Lo mejor será seguir disfrutando de la eficiencia robótica sin los traumas humanos. A menos que el robot que te consigas tenga la figura de Scarlett Johansson, obviamente.