Una comitiva de estudiantes de sociología, antropología, filosofía y uno de contaduría pública que nada más se metió porque quería meterla, viajó a Palestina esta semana porque quería demostrar su apoyo al país árabe y su repudio al Estado de Israel, sin contar con que hallarían una tragedia apenas llegando al territorio asiático.
Enajenados de la realidad, en parte por por la falta de estudios y en parte por el exceso de mariguanas, el grupo de estudiantes seleccionó a los más impresentables del área de humanidades, por lo que había varias fodongas de pelos de colores, uno que otro homosexual y tres feministas, condiciones que constituyen un delito y un pecado en Palestina, aunque en México está muy bien visto todo eso.
«No vamos a permitir que un malentendido nos detenga», comentó Aquiles Pérez, estudiante de sociología y líder del llamado «campamento en apoyo a Palestina» instalado entre humo de porros y obo de porros en las islas de Ciudad Universitaria, «y si tenemos que enviar a otros diez estudiantes a seguir apoyando, los enviamos, más se perdió en la guerra».
Las autoridades de la UNAM no han dado sus comentarios, pero una fuente extraoficial asegura que están muy contentos con los planes que tienen los estudiantes de seguir mandando «gordas y feministas» [sic] al frente de guerra.