Joven masoquista termina su relación porque le hacían piojito: “ni siquiera un zape me daba”

Todos sabemos que el amor debe doler, porque si se sintiera rico se llamaría “masaje prostático”. Llevando al extremo esta premisa, un joven que se autodenomina como masoquista abandonó a su pareja porque ya no toleraba uno de sus “molestos” y “anticlimáticos” hábitos: hacerle piojito.

Aunque al principio pensó que se trataba de un preámbulo para algo que realmente disfrutaría, como un tirón de pelo, un coscorrón, o mínimo un zape, se llevó una terrible decepción cuando se percató de que era lo que llamó “una caricia sin alma”, una estimulación tan pobre que ni siquiera era piojito, era liendre.

Si bien, se dijo liberado por separarse de una persona que no comparte sus mismos gustos, compartió que eso no quita que haya sido una ruptura bastante dolorosa. Le encantó.


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