«Mejor traerlo flojito que apretado»: ¿Has tenido problemas en el trono? Aquí te damos 5 tips para saber si sufres del síndrome del ano estresado

Debido a las intensas olas de calor que nos afectan en esta temporada, pero también porque te chutas tus dos litros de Coca-Cola y tus 5 tazas de café diariamente, en lugar de tomar la suficiente agua, es muy probable que, como otros parroquianos de este mundo cruel, hayas padecido problemas en el trono y que traigas el chiquito muy rozado. Estos pueden ser síntomas de un padecimiento cada vez más común en nuestra sedentaria sociedad: el síndrome del ano estresado o stringere fundillus («fundillo apretado»), por su nombre en latín.

Ante la preocupante alza en el número de casos, las preguntas que los expertos se han hecho son: ¿qué pasa cuando ir a «liberar a Willy» se convierte en una pesadilla digna de Stephen King? ¿Qué pasa si al sentarte en el trono sientes que estás en un episodio de «Pesadilla en la Calle del Infierno»? ¿Cómo saber si sufres de este síndrome o simplemente le pusiste de «la que pica» a tu elote?

Por esta razón, el equipo de proctólogos y expertos en fundillos apretados de EAD se dio a la tarea de investigar hasta lo más recóndito de las profundidades del cuerpo humano, con el fin de traerte los 5 tips que te ayuden a descubrir si eres uno más de los desafortunados que, por más que intentan, no pueden aflojar el fundillo.

  1. Tu baño se ha convertido en tu búnker de guerra. Si al entrar al baño llevas contigo más provisiones que la senadora Citlalli Hernández para cualquier junta de trabajo, pero en tu caso se trata de provisiones para sanar la colita: como papel higiénico, toallitas húmedas, cremas, ungüentos, y hasta una radio para llamar a emergencias, es una señal clara de que algo anda mal.
  2. Los gemidos de dolor han sustituido a los cánticos de victoria. Recuerda esos días gloriosos cuando tus visitas al baño eran rápidas y sin complicaciones, como un paseíto por el parque. Ahora, cada intento de evacuación parece el clímax de una ópera trágica. Si los vecinos han empezado a preguntarte si estás bien al oír tus lamentos, no hay duda: tu ano está pidiendo vacaciones urgentes y que le bajes al consumo de Valentina.
  3. Tus búsquedas en Google se han vuelto muy específicas. Cuando en tu historial de búsqueda predominan frases como «cómo relajar el ano», «remedios para el estrés anal» o «¿por qué Dios me odia tanto?», y, además, te sale la foto de Daniel Bisogno o de Christian Chávez, sabes que algo no va bien. Si además de esto has visto más videos de autoayuda que un coach motivacional, necesitas ayuda profesional.
  4. Tus amigos te han propuesto hacer un grupo de apoyo. Si en tus reuniones con amigos, en vez de hablar de fútbol o de la última serie de Netflix, terminas discutiendo sobre tus problemas en el baño, es hora de aceptar la realidad. Cuando ellos sugieren crear un grupo de WhatsApp para intercambiar consejos sobre cremas y técnicas de relajación, sabes que tu ano se ha convertido en el tema principal de tu vida social. No te apures, todo queda entre amigos y entre ustedes se pueden ayudar a aflojarlo.
  5. Has desarrollado una dependencia por los cereales y la papaya (no la que piensas, la fruta, pero también). Si tu dieta ya no sale del All-Bran y los licuados con papaya, no hay vuelta atrás. Pero eso es mejor a seguir peleando con tu sanitario en una pelea de hoyo con hoyo que sabes bien que no ganarás. Así que, además de tu dieta, persígnate y encomiéndate a Papá Diosito, no vaya a ser que ahí quedes todo cagado.

El síndrome del ano estresado no es algo de lo que nadie quiera hablar en la cena familiar, pero es una realidad que afecta a más personas de las que pensamos. Si te has identificado con alguno (o todos) de estos puntos, es hora de tomarte en serio este problema. Consulta a un especialista, come frutas y verduras, y recuerda: en la vida, todo fluye mejor con un poco de humor (y un buen laxante). Tú, flojito y cooperando.

Acerca de Fede

Fede

Escritura creativa, lingüista y estudioso de escrituras experimentales.