Mientras tú no la pones ni cazando el cascajo que queda cuando prenden las luces del antro, una escultura en un cementerio francés es montada por miles de mujeres al año. Se trata de la tumba de Victor Noir, un periodista del siglo XIX que nunca imaginó que su lugar de eterno descanso se convertiría en santuario de fertilidad… Y mucho menos que estaría repleto de flores, amuletos y demás detalles. Qué decimos detalles… detallones.
El culpable de este mito es el escultor, que por razones desconocidas decidió ponerle un bulto en la entrepierna digno de cuando el profesor te pasaba a exponer al pizarrón. Esto lo convirtió en un símbolo de virilidad y erotismo, por lo que ahora mujeres que buscan concebir un hijo acuden a la tumba para realizar un peculiar ritual: besar los labios de la estatua, colocar una flor en su sombrero, montar su zona íntima y restregarse como si el bronce les estuviera reconfigurando la matriz.
Por alguna razón, el mítico bulto ya tomó un color óxido y una apariencia porosa. No queremos saber a qué huele.







