En una inesperada vuelta de guion digno de lo que solo podía haber planeado el Licenciado, el Ministro Alberto Pérez Dayán decidió cambiar de bando, provocando que el bloque de contención de la Cuatroté, en el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), dejara a más de uno con la boca abierta y a Lenia Batres con las orejas de burro. El ministro Pérez Dayán justificó su voto en contra de la acción de inconstitucionalidad diciendo que sería «combatir la insensatez con una nueva insensatez».
Quizá inspirado por una lectura temprana de El Quijote, el ministro explicó que impugnar la reforma judicial a partir de las acciones de inconstitucionalidad de partidos políticos era como «arreglar un problema con otro problema», «sacar un clavo con otro clavo» y así. Lo que él ve como insensatez, sin embargo, otros ministros lo ven como «principio de legalidad» y nunca esperaron la traición del ministro, pero todos tienen un precio, nada más hay que rascarle. Pero, pues, ¿quién es uno para juzgar?
El caso es que el bloque liderado por el Ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá, en el que las ministras y ministros se comprometieron a darle una revisión de fondo a la reforma judicial, quedó RIP INRI. De tal manera que la esperada mayoría calificada de ocho votos se quedó corta, dejando a muchos cuestionándose si esto se trata de un fallo judicial o del inicio de la debacle de lo que hoy conocemos como democracia.
Mientras algunos ministros querían revisar el asunto y debatir sobre la constitucionalidad de la reforma, Pérez Dayán y las tres chifladas del Licenciado decidieron que los partidos políticos no pueden jugar a ser héroes de la democracia. Al final, en una especie de «ganas, pero no ganas», la SCJN no entró en los detalles y dejó intacta la reforma judicial, enviando un mensaje claro: impugnar una reforma a la Constitución estará más cabrón que hacer que Noroña no parezca un pordiosero.
Así, el Ministro Pérez Dayán parece haber abrazado su destino en el papel del malo del cuento, aunque lo cierto es que esto solo es la continuación, muy malita y sin chiste, de lo que ocurrió el 2 de junio y del sueño más húmedo del Licenciado. Como el propio Ministro podría decir: «Ahí ustedes arréglense que yo viviré a gusto con mi lanita en uno de esos países donde sí hay democracia».