Existen todo tipo de creencias acerca del líquido preseminal, ese que sale antes del líquido seminal, también llamado “permatrago”, que a su vez sale antes del líquido postseminal, al que también se le conoce como “lágrimas”.
Mientras algunos científicos afirman que tan solo dos galones de este fluido contienen alrededor de 7 espermatozoides, lo que, a pesar de ser bastante improbable, comprueba que de alguna manera puede provocar un embarazo, muchos sostienen que esto solo es un mito de la industria condonera para vender más preservativos.
Es bastante claro que este líquido que aparece después de una noche de puros besos no se diseñó para dar vida, pues su función en el cuerpo estuvo pensada con fines lubricantes a la hora de que dos cuerpos embonen con fines reproductivos, pero para muchos esa mínima carga espermática que contiene representa un riesgo que no quisieran correr.
No fue el caso de una pareja de preparatoria que llevaba algunos años utilizando como único método anticonceptivo el de la “marcha atrás”, la única marcha que realmente cambia vidas. Como muchas personas en el mundo, los jóvenes pensaban que el sexo era como una partida de póker y solo era cuestión de salirse a tiempo para que las cosas no se salieran de control, pero terminaron en el periódico por convertirse en padres del primer niño producto del “coitus interruptus”, el cual no es un hechizo de Harry Potter, sino una forma más refinada para referirse a “echarlos afuera”.
Esto llamó la atención de la comunidad científica de todo el mundo, pues se venía especulando que la probabilidad de que esto pasara era una en 2 trillones, por lo que era cuestión de tiempo para que alguien por fin se ganara la bolsa acumulada de ese “Melate preeyaculatorio”.
Si bien, los expertos consideran que hay factores que pueden haber influido para que los chicos fueran hiperfértiles, como que viven en una colonia marginada en el Estado de México y van al Conalep en turno vespertino, también insisten en que es posible que este tipo de situaciones se hagan más frecuentes gracias a las mutaciones genéticas que se están presentando en humanos por usar tanto tiempo el celular.
El equipo de EAD ha tratado de contactar a los jóvenes involucrados, pero no hemos podido dar con su paradero, por lo que sospechamos que esta nota publicada por The New York Time probablemente sea falsa. Buen intento, industria condonera.