En una desesperada jugada que ha dejado a sus amigos preguntándose si el apocalipsis está cerca, un hombre común y corriente ha tomado una decisión que desafía todas las leyes de los machos alfa, pero que corresponde a hombres de bien. Juan Camarena ha tomado la difícil decisión de renunciar a las noches de pedita con sus amigos con tal de que su esposa le deje la mitad de la cama que le corresponde.
Según fuentes cercanas, este buen hombre, ha decidido que las fiestas, los bares, las rondas de cerveza y los bules ya no tendrán lugar en su vida. En cambio, ha optado por dedicar cada noche a salvaguardar el espacio sagrado del lecho matrimonial que le toca y, con ello no dormir con el riesgo de caerse de la cama y romperse el hocico.
«Es como si hubiera sido abducido por una fuerza misteriosa, porque él siempre era el alma de la fiesta y juró que nunca. Yo creo que nos lo cambiaron, porque éramos inseparables los fines de semana, pero ahora parece que su lugar favorito es el colchón», comentó uno de sus amigos, visiblemente consternado por la pérdida de su compañero de peda.
Los rumores sobre este extraño comportamiento han inundado sus círculos cercanos y los comentarios de personas mitoteras en las redes sociales, con teorías que van desde que solo se trata de una broma, hasta la teoría de que solo se trata de un terrible caso de «mandilonería». Algunos, inclusive, sugieren que su pareja podría haber usado técnicas de lavado de cerebro, como darle agua de calzón o toloache, pero lo cierto es que el pobre hombre ya no quiere dormir en la mera orillita y sin cobija todas las noches.
Independientemente de las teorías, lo único que queda claro es que este hombre ha desafiado todas las expectativas y dejó a sus mejores amigos con la duda de si algún día volverá a ser quien era antes y si ellos tendrán la valentía de pelear por el lugar que les corresponde en la cama.






