Las autoridades de Nueva York decidieron que Peanut, la ardilla más famosa de Instagram, representaba un peligro para la humanidad, por lo que el Departamento de Conservación Ambiental (DEC) y el Departamento de Salud del Condado de Chemung irrumpieron en la casa de sus dueños, Mark y Daniela Longo, el pasado 30 de octubre y, tras una redada que haría sudar a cualquier agente de la ley, confiscaron a la popular ardilla junto con un mapache adoptado por la pareja. Lamentablemente, ambos animales fueron sacrificados, y así se cerró un capítulo de la historia de Instagram lleno de waffles, aros y pequeños sombreros.
¿Su crimen? Ser una ardilla, vivir con humanos y, al parecer, morder a alguien en el proceso de confiscación. Las autoridades argumentan que la mordida de Peanut justifica su sacrificio, pues «el riesgo de rabia es inaceptable». En un comunicado oficial, el DEC explicó que la medida fue necesaria para «proteger la salud pública», afirmando que los pobres Peanut y su amigo mapache se convirtieron en amenazas tras convivir con humanos. Sin embargo, uno se pregunta si realmente una ardilla que llevaba sombreritos y hacía piruetas en Instagram era un riesgo tan mortal como para justificar una intervención al estilo SWAT.
Mark Longo, dueño de Peanut y aficionado a los rescates de animales, está devastado, incluso más de lo que nos gustaría comunicar. «No había tenido ningún incidente grave con Peanut en siete años», declaró con lágrimas en los ojos y un dejo de indignación. Según su relato, la redada fue digna de un thriller hollywoodense: agentes entrando a su casa y prohibiéndole moverse libremente. Todo eso para confiscar a una ardilla que, para sus más de 642 mil seguidores en Instagram, era simplemente adorable, sobre todo cuando se lanzaba por los aros y devoraba waffles.
La historia de Peanut había empezado como un drama de superación animal. Rescatada tras quedar huérfana cuando su madre fue atropellada, Peanut encontró en los Longo una familia y, con el tiempo, se convirtió en una estrella de las redes sociales, difundiendo alegría a miles de personas. Durante siete años, fue el mejor amigo de Mark y un símbolo de felicidad en el ciberespacio. Pero su vida de celebridad terminó abruptamente, y ahora sus fans están más que indignados. Algunos hasta han creado el hashtag #JusticiaParaPeanut, exigiendo que el DEC y el Departamento de Salud rindan cuentas por lo que consideran un abuso de poder.
«Peanut no murió en vano», declaró Mark con la solemnidad de quien acaba de perder a un ser querido. Acompañado de su esposa Daniela, planea llevar el caso a los tribunales, convencido de que las autoridades no solo se excedieron, sino que lo hicieron impulsados por mentiras y una histeria desmedida de parte de ciertos colectivos que afirman defender a los animales.
El caso ha capturado la atención nacional, y no son pocos los que critican la intervención de las autoridades. ¿Realmente necesitábamos un operativo digno de película de acción para detener a una ardilla que solo quería comer waffles y alegrar Instagram? Quizás el DEC estaba buscando héroes, o tal vez simplemente se confundieron de villano. Porque si de amenazas a la salud pública se trata, muchos consideran que el mayor peligro en este caso no era Peanut, sino la falta de sentido común en quienes decidieron poner fin a la vida de una pequeña celebridad peluda. O, a ver, ¿por qué nunca hicieron lo mismo con Alvin y las ardillas?