Andar de pagafantas es algo horrible y debes salir de ahí. Es como ser el árbol en la obra de teatro de primaria: indispensable para el fondo, pero nadie te aplaude. Si últimamente sientes que tu lugar en la vida es financiar antojos ajenos y escuchar lloriqueos sobre el ex perfecto (que obviamente no eres tú), esta vez te traemos los cinco comportamientos que delatan que estás en la Friendzone VIP.
Nuevamente, nuestro equipo de científicos de las artes del amor, el friendzoneo y expertos en relaciones tóxicas, se dieron a la tarea de indagar en los innumerables misterios consuetudinarios de la vida, como es el andar de esclavo de esa morrita que te encanta, pero que nada más no suelta. Por supuesto, al final encontrarás el único consejo que podemos darte para que salgas de ese papel y, tal vez, logres que te den un traguito de esa fanta que llevas pagando o te abras a buscar nuevos niditos más prometedores.
- Eres el «hermanito mayor» que nunca pidió ser. Si te dice «eres como el hermano que nunca tuve», corre. Mejor dicho, vuela. Este es el equivalente emocional de que te digan «me encantas, pero no de esa manera». Estás ahí para protegerla, cuidarla y probablemente prestarle dinero para el Uber de regreso de una cita con otro. Y mientras tú fantaseas con la gran declaración de amor, ella está diciendo «ay, es que eres tan lindo, ¿me ayudas a escoger vestido para mi cita del sábado?». Hermano, sí, pero de los adoptados que nadie pela.
- Invitas el cine, pero te toca la factura y nada más. Si cada salida al cine se convierte en un desfile de tu tarjeta de crédito, ¡felicidades! Eres el mecenas de su entretenimiento. Tú pagas las palomitas grandes «porque las pequeñas no alcanzan», y el combo jumbo «porque la dieta empieza el lunes». Pero cuando se apagan las luces, lo único que tocas es el asiento de la sala, mientras ella revisa su celular para contestarle al crush que de verdad le mueve el tapete. Y no, no eres tú.
- Te cuenta TODO sobre sus citas… con otros. ¿Eres su psicólogo no oficial? Si pasas horas escuchando cómo el otro fulano le rompió el corazón (otra vez), pero luego te suelta el clásico «ay, ¿por qué no hay más hombres como tú?», ya está claro: eres su soporte emocional de emergencia. Eres el pañuelo donde seca las lágrimas, pero nunca el beso que las provoca. Y mientras te cuenta cómo él no contestó el mensaje, tú sigues pensando cómo escribirle uno que no suene desesperado.
- Siempre te dice: «No sé qué haría sin ti» (pero sabe perfectamente qué hacer sin ti). Esta frase, aunque parece un halago, es como un cuchillo con brillantina. Claro que sabe qué haría sin ti: vivir su vida felizmente ignorando tus intenciones y seguir sufriendo por el patán que le gusta. Te tiene ahí porque eres conveniente, como un cargador de celular: lo necesita cuando se queda sin batería, pero el resto del tiempo, ni se acuerda de ti. Si alguna vez escuchas esto, agarra tus cosas y sal dignamente.
- Te encarga cosas que su «crush» debería hacer. ¿Te pidió ayuda para armar un mueble, cargar las bolsas del súper o reparar algo en su casa? No eres su novio, pero definitivamente eres su asistente personal. Y mientras tú te encorvas ajustando el último tornillo del mueble, ella le está escribiendo al tipo que de verdad le gusta: «Ya tengo lista mi habitación, ¿cuándo vienes?». Espóiler: no está hablando de ti.
Ahora, ¿qué hacer para dejar de ser un pagafantas? Primero, acepta que el problema no es que seas un buen tipo, sino que te han confundido con un cajero automático y soporte emocional, así que aprende a decir «no» y mandar a la chingada. Sí, la palabra mágica que te devolverá la dignidad. Mejor invierte tu tiempo y esfuerzo en alguien que sí esté dispuesta a compartir algo más que su lista de problemas. En otras palabras, el mejor consejo que tenemos para que dejes de ser un pagafantas es: no seas un pagafantas.