Una familia de Chimalhuacán descubrió por error la cura al padecimiento mental de moda: ser therian. Cuando su hijo, un joven de 16 años, salió del clóset therian o, como dicen ellos, de la jaula, un hombre de oficio albañil y una mujer de oficio garnachera decidieron hacer lo mismo que con ‘Chucho’, su otro perro: amarrarlo en la azotea y alimentarlo con sobras y tortillas duras.
Después de dos semanas de pelear con Chucho por la comida y cansado de tener que cuidarse todo el tiempo de su lápiz labial de fuera, el joven, irónicamente de nombre Bruno como el 90% de los perros de la Roma-Condesa, se declaró curado del padecimiento mental, pidió que lo reinsertaran en la dinámica familiar exclusiva para los humanos y prometió que dejaría de olfatearles la cola a las desconocidas. Otro milagro de la familia tradicional.






