Debido a cuestiones personales y a debe hasta los calzones en Coppel, un cochista no pudo seguir pagando su carro y terminó convertido en un ciclista más de la mancha urbana de la Cedemex. Ante este abrupto cambio de estilo de vida en su manera de transportarse, el antes opresor de quienes hacen de un medio de transporte su identidad cotidiana, confiesa que ahora siente la necesidad imperiosa de pelearse con los cochistas, circular en el carril donde pueda estorbar su trayecto y hasta fingir atropellamientos para defender «la causa».
Se trata del señor Audómaro Eleuterio Ramírez, ahora ciclista de 35 años, quien es empleado de oficina y tuvo que dejar el automóvil por una bicicleta para evitar tomar el asequeroso transporte público de la capital, según sus palabras y de las miles de personas que tienen que tomar a diario alguno de los medios de transporte colectivo. Desde hace unos días, el señor Audómaro compartió que ha sentido la necesidad de fingir atropellamientos constantemente y que no se siente tranquilo si no finge al menos tres atropellamientos al mes.
«¿Qué te digo, carnalito? Caigo en la tentación. Apenas me subo a mi bicicleta y veo algún coche cerca, siento la necesidad de dejarme caer para fingir que me atropelló y hacerla de pedo. El fin es hacer que entiendan que nosotros tenemos la prioridad y que se deben respetar nuestros derechos. Por eso, voy grabando todo, pero estoy convencido de que debo mejorar para que no se vea tan fingido, porque luego hay mucho pinche anticiclista en las redes sociales que no nos apoya», nos compartió el señor Audómaro, mientras estaba tendido en la calle fingiendo haber sido atropellado por la unidad móvil de EAD.
Aunque el ciclista en cuestión se ha hecho estudios para determinar a qué se debe el transtorno que padece, sus doctores no han encontrado ningún problema físico o mental que propicie su comportamiento, salvo el hecho de juntarse con otros ciclistas los fines de semana. Por su parte, el colectivo de ciclistas al que pertenece ha demostrado su respaldo a lo que llaman «una noble labor» para visibilizar los malos tratos de los que supuestamente son objeto los loquitos de las bicis.






