«¡Uy, así qué chiste!»: Joven rompe récord de duración practicando el ‘sexo extracorporal a distancia’; llega a 2:15 minutos y termina hospitalizado

El mundo del deporte extremo y las prácticas místicas han encontrado un inesperado punto de encuentro luego de que Jesús Armando López, un joven de 28 años de Ixtapaluca, batiera el récord mundial de ‘sexo extracorporal a distancia’, logrando una sorprendente marca de 2 minutos con 15 segundos antes de desplomarse por agotamiento severo, deshidratación y una sobrecarga de imaginación que hizo corto circuito en su cerebro.

Apenas recuperó la conciencia en la sala de urgencias, sus primeras palabras fueron: «¿Ya soy leyenda?». Lamentablemente, para él, los médicos tenían otro diagnóstico menos épico: ‘crisis de esfuerzo por exceso de chaquetismo mental’.

Para quienes no están familiarizados con las tendencias más ridículas de internet, el ‘sexo extracorporal a distancia’ es la más reciente prueba de que el ser humano, en su infinita creatividad, sigue encontrando nuevas formas de perder el tiempo. Se trata de una práctica en la que una persona, sin contacto físico y muchas veces sin dignidad, se esfuerza tanto en «sentir la pasión» que alucina que está teniendo relaciones, ya sea con su pareja o con alguien más, depende el potencial de imaginación que se tenga o si se tiene acceso a Instagram.

En términos científicos, es como el ‘viaje astral’ de los hippies, pero con calentura. En términos más callejeros, es la versión moderna de «me están besando, pero en otro universo», pero con efectos secundarios graves como deshidratación, sudoración extrema y, en casos extremos, una pérdida irreversible de autoestima. Aunque esta técnica es defendida por algunos gurús de TikTok como «una forma elevada de conexión espiritual», lo cierto es que la comunidad médica la define simplemente como «delirios febriles de gente con demasiadas ganas y poco contacto humano». Algo que, si se pone demasiado de moda, podría adelantar la extinción humana. No es queja.

Jesús Armando, un joven que ya había sido conocido en su barrio por romper récords en actividades inútiles como aguantar la respiración para impresionar a desconocidos en el metro, decidió someterse a esta prueba con una preparación que consistió en ver películas románticas, escuchar reguetón triste y quedarse solo en casa con las luces apagadas.

Según testigos, al comenzar la hazaña, cerró los ojos, adoptó una pose que oscilaba entre la concentración y el éxtasis, y empezó a sudar como si le hubieran subido la renta. Al llegar al minuto dos, sus piernas comenzaron a temblar, su respiración se entrecortó y su cara pasó de «éxtasis absoluto» a «parece que acaba de ver a su ex con otro». Finalmente, colapsó por falta de oxígeno y exceso de expectativas, desplomándose sobre su colchón con la misma fuerza con la que la vida le había dejado claro que no estaba hecho para estos trotes.

A pesar de las críticas, la humillación pública y el gasto en hospital, Jesús no se rinde. Declaró que planea superar su propio récord, esta vez haciendo calentamiento previo, hidratándose con Gatorade y, sobre todo, tratando de no alucinar tanto. Mientras tanto, expertos han lanzado una recomendación para cualquier persona tentada a intentarlo: «Sean hombres y no terminen haciendo esas mamadas nada más por creerse superhombres y durar más de dos minutos. Duren lo normal, en vivo y a todo color».

Acerca de Fede

Fede

Profesor en Escritura Creativa. Lingüista y estudioso de escrituras expandidas y poéticas experimentales.